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De Quimeras y Ensoñaciones

El retablo de Maese Pedro

El retablo de Maese Pedro En el jardincillo que da entrada a su casa, unas letras sobre una placa:

Aquí nació Miguel de Cervantes Saavedra.
“El manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, el regocijo de las musas”. Año 1997.
CDL Aniversario Nacimiento Cervantes.

La vida se desarrollaba sobre el suelo alfombrado, entre cojines, taburetes y muebles bajos, durante el invierno, el brasero y las colgaduras sobre las paredes hacían más llevaderos los rigores del frío. Austero y antiguo, me decanto por el patio, por su pozo y por el retablo, ese punto de magia y fantasía dentro de lo mundano e histórico de una época, donde las mujeres ocultaban sus cuerpos por ser considerado cuasi arma del diablo, pecado, tentación y eran relegadas a cuidados domésticos de hijos y casa, algo hemos cambiado, digo yo, y si no, comparen ustedes el corpiño blanco con cordeles que se muestra allá y que usaban entonces, caul si fuese de esparto, con los picardías de hoy de seda, algodón ó lino.
Bien, de la casa, me quedo con el retablo. Es artificial, ya sé, está fuera de lugar, también lo sé, pero el punto de color, la extravagancia, la ruptura de lo establecido, es con lo que me quedo, con la magia.
Son títeres que representan una escena del Quijote. Coloristas. En una habitación en penumbra. El retablo de maese Pedro.
Y diablos, resulta que el Rey es nada más y nada menos que Carlomagno, no es Rey, es emperador de un imperio, viste un sayo rojo largo que le llega hasta los pies, y porta un cetro en su mano, le escolta un soldado de la guardia, con escudo y lanza y jamás imaginé que el jugador fuese su yerno, al que Cervantes retrata cual si su suegro quisiese arrear en toda su cocorota con su cetro, ni que el juego se llamase tablas, ni que un moro besase en el centro de los labios a la bella y fuese castigado y ¿Quién es el personaje que toca la flauta?. Me recuerda a dos escenas, una de la Tabla de Flandes, la otra, del Ocho, donde Carlomagno juega a ajedrez. Pero no es ajedrez. Lo dejo todo como si no conociese nada y me invento a mi modo mi cuento del retablo de maese Pedro.

- Os tengo por caballero, por noble de alta cuna, por sabio, y mis mensajeros han contado que jamás perdisteis con ser humano un partida a las tablas. ¿Osáis decir lo mismo ante mi?. Ante vuestro emperador Carlomagno.
- Por cierto lo tengo, como vasallo que soy de vos y vuestro imperio.
- Jugaréis conmigo.
- Será todo un placer, mi señor.
- Pero habremos de hacerlo interesante. Habrá un premio y un castigo. Os cortaré la mano si no ganáis y de lo contrario, elegid vos el premio.
- Para mí sería un placer ser vuestro escribiente, vuestro cuentandante.

Bien, pues Cervantes, habréis de saber que se le nombra como manco, y a Carlomagno como a mago, y allá jugaron dos juegos, uno lo ganó el emperador, el otro lo perdió.
Cervantes perdió una mano. Eso es un castigo. Cervantes es nuestro representante de las letras en el universo. Ese es un premio.

Ah, y bueno, al salir, acordaros de haceros una foto con Sancho y Quijote.

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